miércoles, 14 de enero de 2015

La Descendencia de Caín Capítulo 5 del Génesis


Los descendientes de Caín

CAPÍTULO V

 

1 Éste es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.

¿En qué nos hizo Dios semejantes a Él? Sin duda en la capacidad de amar ya que Dios es amor y el ser humano es capaz de amar. No dice que a su imagen y si lo dijera haría referencia a que posee medios para ver, comunicarse, escuchar, y actuar.

 

 2 Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán el día en que fueron creados.

Aquí cuando se habla de hombres se refiere a hombre y mujer. Se reitera que Dios hizo únicamente dos sexos: varón y hembra, claramente diferenciados y los bendijo, de manera que todo aquello que se sale de esto no es obra ni voluntad de Dios, sino que va en contra y todo lo que va contra el querer de Dios es de origen satánico, y no está bendecido por Dios, y en consecuencia, está maldito.

 

Algunos teólogos modernistas han tratado de infundir una herejía luciferina, según la cual Dios es “Padre y Madre”, y con esas palabras lo proclaman en la misa, basándose en los anteriores versículos. Afirman que si los creó varón y hembra y si fueron hechos a su imagen y semejanza es porque Dios es a la vez: Padre y Madre o que existe una Diosa, aún no revelada, es decir: una cuarta persona en vez de la Santísima Trinidad. Pero en el verso uno no dice que a imagen suya, sino solo a semejanza suya.

 

Pero Jesús dice que, en el cielo, todos seremos como ángeles y no habrá matrimonios. Esa herejía de Dios Padre y Madre, procede de la masonería que pretende identificar a Dios con Lucifer que es representado como un ser andrógino que ellos adoran en sus rituales satánicos. De esas iglesias, claramente infiltradas por esta peligrosa secta anticristiana, los católicos deben salir y deben buscar párrocos que estén con la tradición milenaria y no con esas ideologías que buscan ganar como prosélitos a los grupos feministas, a las comunidades LGTB, entre otros grupos.

 

 3 Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set.

 

Este versículo también es usado para reforzar la idea de un Dios andrógino.

Podemos inferir que la longevidad que será la característica diferencial entre los primeros hombres registrados en la Biblia puede ser el resultado de vivir en un ambiente mucho más propicio que les permitía alcanzar edades muy avanzadas. Las enfermedades irán apareciendo con el tiempo, a medida que el contacto entre las personas vaya produciendo bacterias y virus dañinos para la salud. Esta postura de la aparición progresiva de las enfermedades mortales sería una explicación a la longevidad de los patriarcas.

 

Esta hipótesis podría tener como base los estudios preliminares acerca de la posibilidad de manipular el genoma humano, para alargar la vida, eliminando genes a partir de los cuales se desarrollan ciertas enfermedades mortales, así que sí es posible que una persona viva mucho más tiempo del que vive actualmente, y pudo haber sido así, tal como lo narra la Biblia.

 

Sin embargo, hay quienes consideran que los nombres de los patriarcas no son de personas sino de clanes que durarán integrados hasta que alguno de los hijos mayores decida separarse físicamente del clan principal. En consecuencia, el clan de Adán duró 130 años hasta que Set fundó un nuevo clan, independiente.

 

También podríamos afirmar que las cuentas del tiempo en épocas remotas fueron diferentes, de manera que un año del pasado no sería igual al de nuestro calendario actual, pero todo son conjeturas

 

 4 Y fueron los días de Adán después que engendró a Set ochocientos años, y engendró hijos e hijas.

 

Como dice el texto, Adán engendró hijos a hijas que no son destacados como Set, como Caín o Abel, de manera que en casi un milenio fueron cientos de miles de hijos e hijas, los que debió engendrar Adán, pero solo se habla de tres principales que serían los líderes que fundaron comunidades o clanes, con otros miembros de la comunidad.

 

 5 Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años, y murió.

En la actualidad, los resultados de diversos estudios y experimentos con el genoma humano, demuestran que, de aplicarse la tecnología adecuada, un hombre podría llegar a vivir joven y saludable por varios siglos, mediante técnicas de manipulación, eliminación y sustitución de genes que producen el envejecimiento y muerte celular y enfermedades congénitas. A estas conclusiones puede llegarse en virtud de los avances en bioingeniería. Hoy, gracias al descubrimiento de los sistemas CRISPR[1] con base en los cuales se han creado herramientas de edición genética como el CRISPR/Cas9, con la cual se puede alterar el ADN de cualquier ser vivo, modificando, eliminando o sustituyendo genes, se infiere que puede eliminbarse o modificarse el que produce el envejecimiento y los que propician el cáncer y otras enfermedades mortales, y creando mecanismos de defensa que destruyen el material genético nocivo. Sobre este tema ahondaremos cuando analicemos el capítulo once.

 

Lo anterior nos muestra que, en épocas pretéritas, en ausencia de virus y bacterias nocivas para la salud, que se han venido desarrollando a lo largo de la historia, el hombre pudo ser muy longevo, dado que no se habían desarrollado las enfermedades que derivan de dichos microorganismos, que son las causas de la muerte de personas y animales, por lo que la edad atribuida a Adán y a los primeros hombres puede no ser algo muy preciso y no algo figurado.

 

Sin embargo, reiteramos que el texto mismo puede estar haciendo referencia, no a hombres solamente sino a tribus; es decir: Adán que significa en hebreo “humanidad”, es el nombre el fundador de un primer clan y cada hijo suyo, que se nombra, es a la vez fundador de otro clan, y por eso no se menciona a todos los hijos que pudieron nacer de este hombre o de este clan, sino que únicamente se alude a aquellos que fueron notables por su liderazgo y capacidad para organizar nuevas sociedades, lo cual explicaría, por qué Caín pudo fundar una ciudad: porque Caín, no era solo un hombre sino también el nombre del clan que fundó.

 

 6 Y vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós.

Enós funda su tribu 105 años después y procede de la de Set.

 7 Y vivió Set después que engendró a Enós ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas.

 8 Y fueron todos los días de Set novecientos doce años, y murió.

 

La larga vida de Set y de los que le siguen se muestra como una prueba del argumento anterior, según el cual cada nombre es el del fundador de un clan, y la existencia de su tribu son los años que se atribuyen a ese hombre. Esto queda certificado cuando se dice que engendró hijos a hijas que no son relacionados en el relato. Los descendientes que le siguen se presentan de la misma manera.

 

 9 Y vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán.

 10 Y vivió Enós después que engendró a Cainán ochocientos quince años, y engendró hijos e hijas.

 11 Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años, y murió.

 12 Y vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalaleel.

 13 Y vivió Cainán después que engendró a Mahalaleel ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas.

 14 Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años, y murió.

 15 Y vivió Mahalaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared.

 16 Y vivió Mahalaleel después que engendró a Jared ochocientos treinta años, y engendró hijos e hijas.

 17 Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa y cinco años, y murió.

 18 Y vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc.

 19 Y vivió Jared después que engendró a Enoc ochocientos años, y engendró hijos e hijas.

 20 Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años, y murió.

 21 Y vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén.

 22 Y caminó Enoc con Dios después que engendró a Matusalén trescientos años, y engendró hijos e hijas.

 23 Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años.

 24 Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque lo llevó Dios.

 

Hasta aquí no hay un cambio en lo que se dice, salvo la cantidad de tiempo que duró cada hombre, clan o tribu. El caso de Enoc es diferente ya que se dice que caminó con Dios que se lo llevó. Enoc así se constituye en un hombre muy importante, pues es el primero asunto al cielo en cuerpo y alma. En este caso ese nombre hace referencia solo a un hombre. Pero, si se refiere a un clan, cuando se dice que no murió, podríamos pensar que quizá el clan de Enoc emigró del planeta a otro volando. En el libro de Enoc, este narra cómo volaba sobre la tierra, con la ayuda de un ángel y hace una descripción sobre ella que los terraplanistas[2] han tomado como base de sus argumentos, pero este libro no está en el canon de la Biblia, de manera que no podemos ir más allá.


El libro apócrifo de Enoc (no falso, sino no canónico, es decir: no admitido en el canon bíblico) se narra su papel en la condena de los vigilantes, o ángeles rebeldes, que conociendo la divinidad de Dios y la profundidad del bien y del mal con todos sus secretos, no tienen perdón, porque sabiendo la magnificencia de Dios y la realidad de la eternidad, desobedecieron y propagaron la maldad en el hombre, adrede, para hacer daño a la obra de Dios en donde "todo era bueno". 

 

El relato de este capítulo continúa así:

 

 25 Y vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec.

 26 Y vivió Matusalén después que engendró a Lamec setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas.

 27 Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años, y murió.

 28 Y vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo;

 29 y llamó su nombre Noé, diciendo: Éste nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Yahvé maldijo.

 

Lamec afirma que Dios maldijo la tierra, pero en realidad no fue así. La maldición surge espontáneamente y se origina en el pecado; reiteramos que lo que hace Dios es mostrarnos cómo maldecimos su obra y nos maldecimos a nosotros mismos, cada vez que actuamos mal, sobre todo, cuando es de manera intencional. No es que el texto esté equivocado sino que Lamec considera que Dios maldijo a la tierra, y ese es el origen de la idea judía de un Dios implacable, que Jesús vino a desvirtuar. En efecto, esta manera de ver a Dios como un ser inclemente, vengativo y castigador va a ser refutada por Jesús, el mismo Dios, que afirmó que Dios es amor y lo probó al morir en la cruz de manera tan infame, por delitos que no cometió, para que todos nos salváramos del castigo que merecemos por nuestros innumerables pecados, ofensas, omisiones y negligencias.

 

 30 Y vivió Lamec después que engendró a Noé quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas.

 31 Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años, y murió.

 32 Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam y a Jafet.

 

El caso de Noé parece diferente, si tomamos como algo literal el relato del diluvio, pero más adelante vamos a develar cómo en el Génesis se juega algunas veces con figuras que representan clanes, tribus e incluso naciones, y otras veces son personajes singulares, reales y aun ficticios, que son imagen o figura de grupos humanos de determinadas características.



[1] Los CRISPR-Cas o “repeticiones palindrómicas cortas agrupadas  y regularmente interespaciadas”, son sistemas de defensa fundamental de las bacterias y las arqueas contra los virus, que constituyen el único mecanismo de defensa procariótico con capacidad adaptativa y que se transmite a la descendencia. Al conllevar un registro de infecciones en el genoma, permite reconocer y, eventualmente, destruir el material genético de invasores reincidentes.

Disponible en: https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/los-orgenes-de-crispr-716/el-descubrimiento-del-sistema-crispr-cas-15646

[2] Grupo de personas que cuestionan la redondez de la tierra con base en distintos argumentos y aseguran que es redonda, pero no esférica sino plana, como la imagen del mapa del escudo de la ONU.

sábado, 25 de octubre de 2014

ANÁLISIS DEL CAPÍTULO 4 DEL GÉNESIS

Capítulo 4: Génesis 4
DESDE ADÁN HASTA EL DILUVIO

Caín y Abel

CAPÍTULO IV

 

4 1 El hombre se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín. Entonces dijo: “He procreado un varón, con la ayuda del Señor”.

 

Lo que va a hacer una diferencia entre Adán y los demás hombres, es que Adán reconoce en Dios al dador de vida. No se atribuye él ese don, sino que le da la gloria a Dios, y se sugiere por primera vez nuestro origen: somos criaturas de Dios y podemos llegar a ser hijos de Dios y por eso dice la Escritura más adelante: “Dioses sois” (Salmo 82).

 

Sin embargo, no podemos engañarnos, sacando de contexto las Palabras de Jesús, porque Jesús dará una explicación muy clara y contundente en el Evangelio de San Lucas; veamos:

 

“En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente. Le anunciaron: Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte. Pero él les respondió: Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen.”   (Lucas 8, 19-21)

 

Con esta respuesta, Jesús deja claro que los hijos de Dios NO son todos los seres humanos, como afirman algunos predicadores y sacerdotes, aun de muy alta jerarquía, sino “aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen.”

 

Y a los judíos que querían asesinarlo, Jesús les dice:

 

“Ustedes tienen por padre al demonio y quieren cumplir los deseos de su padre. Desde el comienzo él fue homicida y no tiene nada que ver con la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, habla conforme a lo que es, porque es mentiroso y padre de la mentira.” (Juan 8:44)

 

En consecuencia, decir que todos somos hijos de Dios, no es verdad. Los que no cumplimos todo lo que dice la Palabra de Dios y calumniamos o mentimos, así sea en lo más pequeño, no podemos llamarnos, hijos de Dios y mucho menos lo pueden hacer los calumniadores y asesinos.

 

2 Más tarde dio a luz a Abel, el hermano de Caín, Abel fue pastor de ovejas y Caín agricultor.

 
El oficio de cada uno de los dos hijos mayores de Adán y Eva, define dos clases de personas opuestas, que representan a la humanidad misma: Abel, el pastor, representa a los hombres de Dios que guían al pueblo en el camino hacia Él como sacerdotes, profesores, profesionales o padres de familia que se preocupan por el destino de las personas a su cargo, más allá de lo meramente material. Son los que protegen y alimentan a las personas en un acompañamiento para un crecimiento espiritual honesto.

 

Caín representa a aquellos que cultivan los bienes terrenales, es decir a los materialistas, a quienes no les interesa sino su propio beneficio y prosperidad económica. Son los que no guían a nadie, sino que cultivan para su enriquecimiento. Son los que en su vida no se ocupan de formar a la gente en los valores trascendentales, sino que ponderan solo lo material y descuidan lo espiritual, porque en este contexto cultivar la tierra es cultivar los bienes materiales.   

 

3 Al cabo de un tiempo, Caín presentó como ofrenda al Señor algunos frutos del suelo, (presentar los frutos del suelo simboliza ofrecer bienes materiales) 4 mientras que Abel le ofreció las primicias y lo mejor de su rebaño. (El valor de las primicias y de lo mejor de un rebaño representa el ofrecimiento de personas, no de bienes materiales.)

 

En la Biblia la oveja encarna al hombre que es formado por el Señor que es el buen pastor) El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda, 5 pero no miró a Caín ni su ofrenda. (A Dios no le interesa lo material y por eso no mira la ofrenda de Caín, porque no considera como una ofrenda lo material, pues todo es obra suya)

 

El relato nos deja ver que los materialistas, representados por Caín, ofrecen bienes materiales “frutos de suelo” en tanto que las personas espirituales, como Abel, ofrecen bienes espirituales. Dar “las primicias y lo mejor de su rebaño.” Eso es lo que da Abel: almas conversas. 

 

Eso explica por qué Dios no miró lo que ofreció Caín. No es porque no pudiera o no quisiera verlo, sino porque a Dios no le interesa ninguna ofrenda material, si no viene acompañada de algo mejor, y por eso la actitud de Dios lo que busca es cuestionar a Caín, para que corrija la calidad de su ofrenda.

 

Dios no necesita de bienes materiales ni se deja sobornar por ellos.  De lo que sucede se infiere que Caín esperaba ser compensado por su ofrenda, en tanto que la intención de Abel era desinteresada.

 

Abel representa a aquellos que ofrecen sus más valiosos bienes, producto de un trabajo espiritual que es la formación de las personas. Abel es el pastor que entrega a Dios almas convertidas que agradan más a Dios que todos los bienes materiales que le quieran ofrecer, porque Él lo creó todo y puede crear lo que quiera.

 

El valor de la ofrenda lo mide Dios por la clase de bien y la intención con que se hace. Por desgracia muchos ofrendan dinero con la intención de recibir recompensa (el cien por uno), a semejanza de Caín, y eso no agrada a Dios. No quiere decir que no los recompense; por el contrario: Dios recompensa a estas personas con bienes materiales y les multiplica lo que ofrecen a la Iglesia, pero en el cielo no han ganado nada, porque ellos pidieron una compensación para este mundo en donde todo se pudre y nada se llevan. Esa es la gran falla de la teología de la prosperidad material.

 

La teología de la prosperidad propagada por numerosas sectas y aun por algunos sacerdotes católicos, comete un craso error, cuando centra su predicación en un ídolo que es el dinero o la prosperidad económica, que erróneamente llaman bendición, bajo el supuesto de que las riquezas de Abraham, Isaac, Jacob y José, eran demostraciones de la aprobación de Dios, porque así lo interpretaron muchos rabinos y esa creencia la heredaron de los judíos las Iglesias reformadas que tienen fuertes vinculaciones con ellos.

 

Pero la verdad es que Dios les dio riqueza a los patriarcas, porque era necesario para poder formar un pueblo independiente y creyente, del que nacería el Mesías, pues no puede formarse una nación libre si no tiene riquezas, como no puede una persona ser libre sin contar con una propiedad.

 

Cuando se consigue la prosperidad, pero no se hace el bien al prójimo, con las riquezas, solo se está atesorando para este mundo en donde todo se acaba, se pudre, se lo roban o se lo come la polilla, de suerte que se sale a deber en el más allá, porque al final seremos juzgados en la caridad.

 

Por eso, quienes ofrendan y diezman a la iglesia con fe en recibir multiplicada la ofrenda, y, al mismo tiempo explotan a sus empleados y excluyen a los pecadores de sus empresas, en vez de buscar convertirlos, sin duda reciben la recompensa en este mundo, pero en el más allá, ¿podrán recibir algo?

 

Recordemos la parábola del rico y el pobre que da muchas luces al respecto, lo mismo las palabras de Jesús que al contrario de lo que pensaban los judíos, no le augura un buen destino a los más ricos y prósperos puesto que ellos, por el simple hecho de no dar nada ni ayudar a los pobres que están más cerca, se condenan y por eso cuando estaba entre las llamas el rico Epulón suplicó misericordia a Abrahán que estaba en el Paraíso, esto fue lo que le  “Contestó Abrahán: Hijo, acuérdate de que tú recibiste bienes durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora, pues, aquí él es consolado y tú atormentado.” (Lucas 16: 25). 

 

Esta parábola contiene una aparente contradicción, pues Abrahán no era un hombre pobre, por el contrario, tenía muchos bienes, y sin embargo estaba en un lugar privilegiado en donde no era atormentado y su seno servía de refugio a los buenos judíos.

 

Jesús no dice que Abrahán estaba en el cielo, aunque se pueda inferir, pero eso contribuye a fortalecer la hipótesis de otros lugares, provisionales, en el más allá, además del cielo y el infierno. Es decir dos lugares de paso o transitorios: el paraíso, en donde descansan los buenos antes de la resurrección de los muertos para el juicio final, y el purgatorio, en donde purgan y se purifican de sus pecados veniales e imperfecciones los que se han salvado, pero irán pasando al descanso del paraíso, provisional, a medida que vayan cumpliendo sus penas, para ser resucitados también para estar en el juicio final. Estos dos lugares desaparecerán el día del juicio final, para dejar solo dos alternativas: el cielo o el infierno. En el cielo iniciará entonces el banquete de bodas porque ya el tiempo del sacrificio perpetuo de Jesús habrá terminado y entonces al cielo, propiamente dicho, solo podrán entrar los que en ese momento estén libres de toda macha porque nada impuro podrá entrar allí. Pero, lo del paraíso provisional es solo una hipótesis no una verdad revelada, que tendrá que ser revisada y ratificada por la autoridad de la iglesia.

 

Al respecto, y basados en la parábola del rico y el pobre, podemos decir que quizá, y solo quizá, el rico epulón, como le conocemos, no estaba en el Infierno sino en el purgatorio. Si hubiese estado en el infierno, se habría dicho que estaba en el infierno, pero en la escritura se usa la palabra “Hades” que es el lugar de los muertos. Si el Hades fuera el infierno, con toda seguridad el rico no podría hablar con Abraham ni trataría de interceder por sus hermanos, sino que estaría atormentado por los demonios, blasfemando contra Dios y contra Abraham. Pero esto es solo una conjetura, no una verdad revelada, pues el relato es solo una parábola para llamarnos la atención acerca de algo que sí es una verdad revelada: que al final seremos juzgados en el amor que tuvimos a nuestro prójimo; en ese sentido, el rico glotón sí estaría condenado desde ese momento al infierno, pero eso, solo Dios lo sabe. La enseñanza de esa parábola muestra cómo la gula es un pecado capital y en tanto que es una imperfección, deberá ser purgada y podrá llevarnos al infierno si, por esa gula, negamos el pan al hambriento, que es el caso del pobre Lázaro.

 

En cuanto a la riqueza, no es esta en sí misma la que condena al rico. ¿Será justo que quien nace en una familia rica se condene por el simple hecho de serlo, o que quien consigue riquezas honestamente, lo cual es bien difícil, se condene? La verdad es que el sentido de lo que dice el Señor es una manera de llamar la atención a los que más tienen para que ayuden a los pobres, como condición sine qua non para salvarse.

 

Por otro lado, si alguien nace rico, lo más seguro es que tenga una atadura de idolatría hacia las riquezas que no le permitirá salir de esa cadena por herencia genética[1].

 

No obstante, hay excepciones como la muy conocida de San Francisco de Asís, el fraile católico, que siendo hijo de un riquísimo comerciante, abandonó su vida cómoda y llena de lujos al lado de su padre, para vivir como un mendigo, ayudando además a los enfermos, leprosos, ciegos y lisiados más pobres de su tiempo, y propagando la fe entre los cripto-paganos[2] y musulmanes.

 

Volviendo al Génesis “Caín se mostró muy resentido y agachó la cabeza. (Éste gesto denota envidia hacia su hermano) 

 

6 El Señor le dijo: “¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja? (El Señor espera una respuesta de Caín que podría haber sido un reclamo, pero Caín no lo hace y guarda su ira, porque quizá sí tenía un interés de por medio y aspiraba a una compensación, por eso no se atrevió a decir nada; comprendía que Dios lo sabía y evitó reclamar para no sentirse avergonzado cuando Dios le respondiera) 

 

7 Si obras bien podrás mantenerla erguida; si obras mal, el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, pero tú debes dominarlo”. (Dios le invita a resistirse a la envidia que siente hacia su hermano, porque agazapado junto a la envidia está el odio que Caín no dominará)

 

El resentimiento de Caín es el de los que esperan en vano ser recompensados por Dios con prosperidad y riqueza. Cuando el Señor cuestiona a Caín le está llamando la atención acerca de su manera de obrar, quizá porque no fue desinteresada o bien intencionada su ofrenda, como tampoco lo es la de quienes la hacen para que se les restituya el ciento por uno, basados en lo que Jesús dice a sus apóstoles que lo habían dejado todo por seguirle: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros". (Marcos 10: 28-31). 

 

Claramente Jesús se refiere a los sacerdotes, religiosos y religiosas que se separan de sus familias y hacen votos de pobreza y castidad para servirle exclusivamente a Él, y que sufren persecuciones. Efectivamente, ellos, en la vida comunitaria, hallan a miles de hermanos que se convierten en su familia y poseen efectivamente casas (parroquias y casas curales) y haciendas (monasterios y conventos) que son las propiedades de la Iglesia que son puestas a su disposición para su administración, como si fueran de su propiedad.

 

Podríamos creer que habla también por los pastores que obtienen fortunas con los diezmos, pero ellos no dejan a su familia, ni sus bienes materiales, y algunos se apoderan de las ofrendas de las personas que aún no identifican a la verdadera iglesia de Cristo porque son incautos y no escudriñan las Escrituras por su cuenta, ni van a los oficios religiosos para que se las expliquen, sino que se dejan manipular, aun en la lectura sesgada, por gente inescrupulosa que solo ve en la predicación un negocio. Sobre ellos hicieron muchas advertencias los Apóstoles.

 

8 Caín dijo a su hermano Abel: “Vamos afuera”. Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató.

 

Caín se convierte en el primer homicida. Ha heredado los pecados de sus padres: la envidia hacia su hermano, porque Dios le había reconocido el sacrificio ofrecido, se transforma en odio asesino. Este es el mismo odio que manifiestan los paganos contra la prosperidad de la Iglesia de Cristo.

 

Abel representa al sacerdote, porque solo son los sacerdotes los que ofrecen sacrificios a Dios, de manera que es una alusión clara a la persecución contra el clero que tiene una larga historia, desde el martirio del diácono San Esteban y los doce apóstoles (Juan también fue martirizado aunque sobrevivió a la caldera de aceite hirviendo), hasta los actuales, cuya suma es imposible determinar con exactitud y que nos llevaría un libro completo y muchos años de investigación, pues solo en Roma se han hallado más de 5 millones de tumbas cristianas en las catacumbas en donde yacen los pontífices martirizados hasta el siglo IV, y se han encontrado apenas 150.000 actas de martirio, que reposan en los archivos del Vaticano, sin contar a los sacerdotes asesinados a lo largo de la Historia por los herejes en las Guerras de Religión, por los indígenas en el proceso de evangelización de América hispana, por los masones, liberales y ateos en las Revoluciones liberales de Francia y América y en los procesos de secesión de Hispanoamérica y Filipinas del siglo XIX, por los comunistas a lo largo del siglo XX, por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, más los que hoy mueren día a día manos de los extremistas islámicos en África y Oriente Medio, sin contar con otras clases de persecuciones incruentas, pero igualmente crueles, lideradas por la masonería, a través de los medios de comunicación.

 

El asesinato de Abel en la historia humana representa, por eso, la persecución secular a la Iglesia de Cristo, a través del asesinato de sus líderes: los apóstoles, obispos, presbíteros, diáconos y laicos y las guerras fratricidas de baja intensidad, que aún azotan a muchos lugares de la tierra.

La violencia se ensaña del mundo todos los días y la persecución religiosa contra la Iglesia católica apesta, no solo por cuenta del mundo extremista musulmán, sino de manera soterrada en el mundo protestante anglosajón, como por ejemplo en Gran Bretaña, en donde la única religión a la que le está prohibido asumir cargos públicos es a la católica romana. Igual en los países nórdicos, que se inclinan cada vez más por el ateísmo, el satanismo y el agnosticismo.

 

9 Entonces el Señor preguntó a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?”. “No lo sé”, respondió Caín. “¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?”. 

 

La respuesta de Caín es la misma de todos los criminales, de los dictadores y grupos armados ilegales y aun, de los estados, que asesinan y desaparecen a sus víctimas y argumentan no tener como función cuidar de los demás. Es como los perros mudos que callan ante el aborto que es el genocidio más cruel, inhumano y cobarde que existe.

 

Las víctimas invisibles del crimen intrauterino o aborto, legalizado primero por países comunistas y luego por países protestantes de Occidente, y ahora por algunos que fueron católicos y ahora son laicos, con la anuencia de la ONU, suman cada año alrededor de 60 millones de filicidios de indefensos bebés en gestación. Ya asesinarlos no es un crimen ni un delito sino un derecho reclamado por las feministas, bajo argumentos absurdos, como considerar un invasor a alguien que se está acabando de formar de su propia materia, que vive por su propia sangre, pero que no está ahí por su voluntad sino por la de la misma madre y el padre que lo engendraron.

 

El segundo genocidio más grande de la historia se inició contra la Iglesia católica, como ya lo afirmamos, con la lapidación de San Esteban por los judíos y se extiende hasta nuestros días cuando en Irak, Irán, Siria y el Congo, principalmente, los yijadistas musulmanes continúan asesinando y, algunas veces, crucificando católicos por motivos religiosos, como en la época de la Roma pagana, sin que los medios protestantes hagan públicos esos crímenes, como sí hacen públicos y difunden ampliamente los pecados y delitos sexuales de algún sacerdote: objetividad dicen.

 

10 Pero el Señor le replicó: “¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo.

La sangre que clama es la voz de la conciencia que perseguirá a todas partes al asesino, porque cuando alguien mata a otro, está rompiendo el plan de Dios, pues cada ser humano tiene una misión en el mundo y la debe cumplir para que se haga la voluntad del Creador. Solo Él puede quitar la vida, porque la ha dado.

 

Por eso Cristo dijo a Pedro cuando cortó al criado del Sumo sacerdote la oreja: “guarda la espada porque el que a hierro mata a hierro muere.” Así, Jesús estaba advirtiendo de nuevo el sino trágico del asesino, la atadura de venganza que se cierne sobre él y que le hará vivir en la zozobra y bajo el miedo, porque buscarán matarlo los seres queridos de su víctima, o porque su violencia le llevará al encuentro y confrontación con alguien peor que él.

 

11 Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió sus fauces para recibir la sangre de tu hermano derramada por ti. 

 

Aparentemente Dios maldice a Caín, pero no es así. Lo que realmente hace Dios es expresar a Caín lo que se ha acarreado en contra por haber asesinado a su hermano. Hasta la propia tierra se volverá contra el homicida. Dios no maldice a Caín, es Caín quien se maldice a sí mismo al asesinar a su hermano.

 

12 Cuando lo cultives, no te dará más su fruto, y andarás por la tierra errante y vagabundo”. 

 

Sin duda esta es la suerte del que mata a otro. Sus obras serán vanas y tendrá que ir de un lugar a otro sin tener paz, mientras huya de la justicia.

 

13 Caín respondió al Señor: “Mi castigo es demasiado grande para poder sobrellevarlo.

14 Hoy me arrojas lejos del suelo fértil; yo tendré que ocultarme de tu presencia y andar por la tierra errante y vagabundo, y el primero que me salga al paso me matará”. 

 

En efecto, los asesinos deben dejar su tierra para ir o a la cárcel o al destierro. Se tendrán que esconder para no ser descubiertos y serán vulnerables a la violencia de otros. La maldición pesa sobre todo asesino que tendrá que someterse a no poder vivir en su suelo ni a tener paz ni dentro de sí, ni en el mundo que busca justicia o venganza. El salir del suelo fértil hace referencia a no poder prosperar que es el lastre más grande que tendrá el asesino.

 

15 “Si es así, le dijo el Señor, el que mate a Caín deberá pagarlo siete veces”. Y el Señor puso una marca a Caín, para que al encontrarse con él, nadie se atreviera a matarlo. 

 

La declaración divina no es un precepto de Dios contra el homicida, es la declaración de la atadura o cadena de venganza cuyo primer eslabón ha fabricado Caín.

 

16 Luego Caín se alejó de la presencia del Señor y fue a vivir a la región de Nod, al este de Edén.

 

El lugar adonde va a vivir Caín parece señalar a Oriente como el lugar de donde procederá la violencia.

 

En efecto, si bien la violencia ha sido generalizada en todas las civilizaciones, y muchos pueblos han sido especialmente violentos con otros, las matanzas, genocidios y guerras más despiadadas han provenido justamente del Oriente a través de las invasiones bárbaras, la expansión del Islam, la expansión de los mongoles, el Nacional Socialismo y la invasión comunista de Europa del Este por el imperio comunista de la Unión Soviética.

 

Otras formas de homicidio más siniestras, porque comprometen la vida eterna, provienen también de Oriente e invaden lentamente a occidente como el ateísmo desarrollado por filósofos anglosajones, las religiones panteístas y sincretistas que adoran demonios, animales, muertos o a la naturaleza misma, provienen de India y la masonería y el satanismo de origen askenazi surgieron en la cuenca del Caspio. 

 

Los descendientes de Caín

17 Caín se unió a su mujer, y ella concibió y dio a luz a Henoc. Caín fue el fundador de una ciudad, a la que puso el nombre de su hijo Henoc. 

 

¿De dónde sale la mujer de Caín si solo estaba Eva? Sin duda, Adán y Eva debieron tener muchas hijas y quizá una de ellas fue mujer de su hermano Caín. No obstante, como Dios condena el incesto, y no es posible que haya cometido un error, podemos concluir que lo que inferimos del primer relato es cierto: que Dios no creó en el primer relato a Adán y Eva sino al hombre en sentido genérico y a la mujer en sentido genérico, es decir a toda la humanidad (varón y hembra los creó), por lo que habría más gente en el mundo además de Adán y Eva, y que en realidad ellos son la representación de los primeros que reconocieron en Dios a su Creador, lo que los hace diferentes al resto del género humano, y por eso la historia se centra en ellos.

 

Aunque el nombre Adán significa en hebreo humanidad, tanto Adán como Eva pasan a ser simplemente los primeros creyentes, en tanto que el resto de la humanidad no se menciona sino de manera general, ya que ellos son como muertos, por no ser creyentes. La diferencia entre el viviente y el que no lo es, no es la vida biológica, porque todos la tenemos al ser concebidos, sino la fe y el amor a Dios que se obtienen por una gracia especial de Dios. El que no cree está muerto y, por eso no se le menciona con nombre propio en el relato.

 

Pese a ser del número de los creyentes, Caín peca y eso nos demuestra que aun las personas que creemos en Dios somos pecadores y podemos caer en los peores pecados.

 

Cuando dice el autor bíblico que Caín fundó una ciudad, no es posible que lo haya hecho si no hubiese más gente dispuesta a poblar la ciudad, o si no hubiese vivido siglos y engendrado a miles de hijos en muchas mujeres, no en una sola o en unas pocas, porque una sola mujer dando a luz un hijo cada año y siendo fértil hasta los cincuenta, solo podría haberle dado unos 35 hijos, con los cuales no se podría fundar una ciudad, a menos que diera a luz trillizos en cada parto y aun así no sería posible.

 

Esto nos demuestra, que Dios había creado a muchas más personas en el primer relato en donde dice claramente que: “creó al hombre, a imagen y semejanza suya; varón y hembra los creó.” 

 

18 A Henoc le nació Irad. Irad fue padre de Mejuiael; Mejuiael fue padre de Metusael, y Metusael fue padre de Lamec.

19 Lamec tuvo dos mujeres: una se llamaba Adá, y la otra, Silá. 20Adá fue madre de Iabal, el antepasado de los que viven en campamentos y crían ganado. 

 

No se da el nombre de la mujer de Henoc. Tampoco se dice, de dónde salen las dos mujeres de Lamec, si no había más gente. Este hecho ratifica lo dicho arriba: que Dios creó primero a la humanidad en general y luego a la generación de los creyentes que procedemos de Adán y Eva. Esto nos demuestra que sí había más personas, pues es de esas personas que los descendientes de creyentes toman a sus mujeres. Este hecho desestima de cierta forma la idea según la cual no es correcto unirse con personas no creyentes. El creyente santifica al no creyente en la unión conyugal.


21 El nombre de su hermano era Iubal, el antepasado de los que tocan la lira y la flauta. 22 Silá, por su parte, fue madre de Tubal Caín, el antepasado de los forjadores de bronce y de los herreros. Naamá fue hermana de Tubal Caín.

 

El texto intenta describir el origen de las personas según sus habilidades y destrezas, y los agrupa por estas características.

 

No es habitual que se mencione a las mujeres por su nombre, a menos que sean muy importantes ellas, sus hijos o ambos, pero la omisión de nombres de las mujeres puede deberse simplemente a que no se registraron o no le fue posible al compilador saberlos.


El canto de Lamec

23 Lamec dijo a sus mujeres: “¡Adá y Silá, escuchen mi voz: mujeres de Lamec, oigan mi palabra! Yo maté a un hombre por una herida, y a un muchacho por una contusión. 24 Porque Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete”.

 

Lo que dice Lamec es la progresión de la atadura de muerte que han tejido todos los que derraman la sangre de sus semejantes. La sentencia de Lamec es la declaración de una cadena de venganza que pesará sobre la humanidad por cada víctima asesinada y será la explicación para que existan la guerra y la violencia, no por voluntad de Dios, sino como consecuencia de los actos humanos.

 

La descendencia de Caín, diferirá de la de su padre, porque Adán no comete el delito de homicidio, de manera que los descendientes de Caín llevarán esa atadura por siempre, aunque inevitablemente puedan cruzarse más adelante la estirpe de ambos y el afán de Dios por salvarlos hará que el mismo Dios decida venir a pagar esas culpas en la cruz en donde será sacrificado para pagar la deuda que la justicia exige, por todas nuestras malas acciones, de manera que todos podamos ser perdonados y no tengamos que pagar nuestros delitos en la eternidad. 


Set y su descendencia


25 Adán se unió a su mujer, y ella tuvo un hijo, al que puso el nombre de Set, diciendo: “Dios me dio otro descendiente en lugar de Abel, porque Caín lo mató”.

26 También Set tuvo un hijo, al que llamó Enós. Fue entonces cuando se comenzó a invocar el nombre del Señor.

 

De éste último verso inferimos que la descendencia de Caín no llamaba a Dios; quizá por eso estaban bajo el signo y la atadura del homicida. La humanidad se dividió de nuevo en dos clases de personas: la descendencia de Caín que no invoca el nombre de Dios y la de Set que remplazó a Abel y que sí invoca el santo nombre de Dios. La de Caín será la gente de guerra y la de Set la gente que busca la paz.



[1] En este contexto la herencia genética es la tendencia heredada de los padres a asumir determinadas actitudes y conductas buenas o malas, y que demuestra la existencia real del pecado original, que es eso mismo, porque el hombre no nace bueno como afirmaba Rosseau, sino con una semilla de maldad dentro de sí.

[2] Paganos que fungen de católicos.