viernes, 3 de octubre de 2014

ANÁLISIS DEL CAPÍTULO 2 DEL GÉNESIS

Génesis 2

 

2 1 Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos.
2 El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido. 3 Dios bendijo el séptimo día y lo consagró, porque en él cesó de hacer la obra que había creado. 4 Este fue el origen del cielo y de la tierra cuando fueron creados.


Los judíos y protestantes aún consideran al sábado como el día del Señor, porque, en este pasaje, Dios lo bendijo por ser el día en que culminó su obra material.

 

Sin embargo, el día de la gloria del Señor es el domingo, el primero de la semana, por dos razones: primero porque en ese día creó la luz que prefigura la resurrección. Por eso Jesús resucitó el domingo y por la misma razón los Apóstoles se reunían el domingo, primer día de la semana, para celebrar la “fracción del pan” que ahora llamamos Eucaristía o Santa Misa.

 

La resurrección de Jesús el Primer día de la semana hace alusión a la nueva creación, a la realización de la Nueva Alianza. Recordemos que el primer día, el domingo, dijo Dios “Hágase la Luz” esa luz es la luz de Cristo que ilumina toda la Creación. Sábado es la Omega, el fin de la creación, pero Domingo es el Alfa, el Principio. En consecuencia, ambos días son benditos, porque Dios bendice su obra de principio a fin.

 

La creación del hombre y la mujer

 

Cuando el Señor Dios hizo la tierra y el cielo, 5 aún no había ningún arbusto del campo sobre la tierra ni había brotado ninguna hierba, porque el Señor Dios no había hecho llover sobre la tierra. Tampoco había ningún hombre para cultivar el suelo, 6 pero un manantial surgía de la tierra y regaba toda la superficie del suelo.

 

Este es un segundo relato, y en este no hay todavía arbustos ni hierbas, así que se añaden nuevos elementos simbólicos: cielo y tierra son los mundos espiritual y material respectivamente, como dijimos antes.

 

El agua del manantial representa la vida biológica, porque corre por la tierra, para dar la vida natural, en tanto que la lluvia simboliza la vida espiritual porque cae de lo alto, del cielo, y ambas serán fundamentales en el desarrollo del hombre como criatura de naturaleza material y espiritual.

 

Cuando hace referencia a los arbustos, nótese que sus frutos serán para los hombres, por lo tanto representan a la sabiduría, en tanto que las hierbas son figura del alimento para el cuerpo porque se dan a los animales y con eso se corrobora la doble naturaleza humana: material y espiritual.

 

Cuando se habla de la necesidad de alguien que debe cultivar el suelo, se hace referencia a la construcción de bienes materiales en general, no solo a productos agrícolas, pues estos crecen también naturalmente, sin ayuda del hombre.

 

Con estos elementos podemos concluir que si bien la vida biológica se reproducía sobre la tierra de manera programada, y se alimentaba del manantial que bañaba a la tierra, la espiritual no podría surgir sino a través de un hombre en el cual estuviera el Espíritu de Dios, el cual le daría la capacidad para cultivar en el sentido de crear bienes para contribuir con la obra creadora.

 

 7 Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.

 

Independientemente de si el segundo relato es o no un complemento o una explicación más detallada del primero, vamos a contrastarlos:

 

El hombre del primer relato, hecho a imagen y semejanza de Dios, quizá solo era un ser biológicamente vivo, como los animales, y no un ser viviente para el mundo sobrenatural, porque aún Dios no había soplado en él su aliento que da la vida eterna. ¿Entonces en qué se asemejaba a Dios? ¿En que era desde su creación un conjunto de alma, cuerpo y espíritu?

 

En efecto, el alma representa en el hombre, una semejanza con Dios porque es la capacidad de amar, que se manifiesta en la existencia de sentimientos que el mismo Dios exterioriza a lo largo de la Historia hacia el hombre a través de su creación, porque todo ha sido hecho por el amor del alma de Dios, para que el hombre exista, sea feliz y medre sobre la faz de la tierra.

 

La segunda semejanza entre Dios y el hombre es el lenguaje articulado, una cualidad que solo dio a los ángeles y a los hombres, para que pudiéramos pensar, desarrollar nuestro intelecto y comunicarnos, no solo con él sino entre nosotros. Ese don que no poseen otros seres, aun teniendo cerebros más grandes. También nos dio la capacidad de crear, y la voluntad para decidir nuestras acciones, dar dirección a nuestro destino y hacernos responsables de nuestras actuaciones.

 
El Espíritu que da la vida natural y sobrenatural es otro regalo de Dios a su criatura humana. Mediante el Espíritu el cuerpo vive y es capaz de permanecer en comunicación con el amor de Dios, y esa vida no está sometida a la finitud de la materia, por lo que el cuerpo del que gozaban era un cuerpo glorioso en donde no tenía potestad la ley de la materia corruptible, y por eso el primer hombre fue creado para vivir eternamente. No era eterno porque había sido creado, pero se asemejaba a su Creador en que viviría para siempre y por eso fue dotado del Espíritu que es la vida sobrenatural. 

 

El espíritu permite al hombre vivir y dar al cuerpo y a cada una de las billones de células que le componen funciones complementarias, porque el cuerpo sin espíritu es solo materia; son solo unos billones de átomos programados para configurar el cuerpo que el programador Eterno ha decidido desde que creó la materia.

 

El espíritu inclina al hombre a buscar a Dios, le da conciencia y le dota de inteligencia, sabiduría, fortaleza, y de los demás dones del Espíritu Santo. Estos dones no pueden ser dados por la materia. El cerebro y el lenguaje articulados, por sí mismos, no pueden darle al hombre la inteligencia y discernimiento, el don de la ciencia, del temor a Dios, de la búsqueda de la belleza y del bien, de la búsqueda del amor y de la felicidad. Por eso, no es correcto hablar de la inteligencia artificial, porque en realidad nunca la habrá, dado que la inteligencia se sustenta en el sentir y las máquinas no sienten y un sentimiento no surge de la materia; es un don del alma. Tampoco la piedad, la misericordia, la compasión, la tristeza, la alegría las pueden tener las máquinas ni los robots que construimos, porque esas son cualidades que solo emanan de Dios y que son otras de las cualidades que nos hacen semejantes a Él.


La imagen de Dios se manifiesta también en el cuerpo del hombre y por eso al encarnarse el Eterno lo hace como un hombre. Los sentidos del hombre son una manifestación clara de que Dios también los posee: por eso nos puede ver, escuchar, oler, tocar y gustar, y de ahí que se ofrezca a nosotros como comida, para que gustemos de él con el alma.


Si vemos el segundo relato como complemento del primero, hay que considerar que Dios tiene un aspecto físico visible semejante al nuestro, pero no de igual naturaleza y ese aspecto puede mudarlo a voluntad; por eso en el Apocalipsis, San Juan lo podrá ver como un cordero y por eso el Espíritu Santo se manifiesta en la forma física de una paloma y por eso los peregrinos de Emaús no reconocieron a Jesús resucitado sino hasta cuando Él partió el pan y pudieron identificarlo, lo mismo ocurrió en todas sus apariciones posteriores a la resurrección; se mostró como un hombre diferente en cada ocasión. La naturaleza del cuerpo humano es masa que al moverse genera energía, y la naturaleza del cuerpo divino es energía que al actuar crea una masa y le da forma a voluntad, siendo la preferida por Dios la forma que nos dio para el tránsito por el mundo material, pero que no va a ser la misma ni a lo largo de la vida, porque todos cambiamos con el tiempo, ni al pasar al mundo sobrenatural en donde dependerá de la voluntad.

 

Para comprenderlo mejor, debemos entender que el cuerpo humano es materia, pero tiene dos naturalezas: una es masa física, que le permite interactuar con los elementos del mundo natural, tener una forma y apariencia determinada, visible, tangible, con capacidad de percibir sensorialmente y procesar información mediante el cerebro, pero a la vez limitada por el espacio-tiempo y la masa, tanto propia como con la del resto de la materia, por lo cual solo puede actuar nuestro cuerpo en el mundo mediante contacto directo o con el uso de extensiones, utensilios, máquinas o herramientas, pero no puede descifrar lo que ocurre dentro de la mente ajena, ni introducirse en otra materia, ni traspasarla sin romperla, si es sólida.

 

La otra materia es sobrenatural, y puede actuar sobre la masa de manera directa e indirecta, pues posee además de masa, generada por la energía, esa cualidad de hacerse invisible o visible, y puede comprender lo que hay dentro de la mente ajena. La diferencia es clara: la masa del cuerpo sobrenatural le permite tener cualidades y capacidades que la masa atómica no tiene, pues no está limitada por el espacio-tiempo, ni por la masa, de manera que el cuerpo sobrenatural, sí puede ir y volver en un segundo como lo hace el pensamiento, entrar sin usar puertas y volar libremente como el pensamiento mismo. Cuando afirmamos esto es porque Dios efectivamente tiene una forma visible, tangible y corpórea, y por eso Jacob pudo luchar contra Él como se lucha contra otro hombre (Génesis 32, 25-31).

 

Recordemos además que cuando Felipe le dijo a Jesús: “Señor, muéstranos al Padre, y eso nos basta.” Jesús les respondió: “Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces Felipe? El que me ve a mí, ve al Padre. (Juan 14. 8-9). 

 

Si Jesús usó el verbo ver, se refiere a una apariencia corporal visible y no solamente a la espiritual que no se puede ver sino a través de las obras. Tampoco era un espíritu, porque el espíritu puede ser visible pero no puede tocarse, ya que no tiene carne ni huesos. Por lo tanto Dios tiene una apariencia corporal sobrenatural que no lo limita en lo físico, y que, aun así, se puede ver y tocar.

 

Para aclararlo, recordemos un texto de Lucas narrando una de sus apariciones, después de la resurrección: 

 

“Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús se presentó en medio de ellos (y les dijo: “Paz a ustedes.”) Quedaron atónitos y asustados pensando que veían a algún espíritu, pero Él les dijo: “¿Por qué se desconciertan? ¿Cómo se les ocurre pensar eso? (leyó sus pensamientos) Miren mis manos y mis pies; soy yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo.” Y dicho esto les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creerle por su gran alegría y seguían maravillados, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Ellos, entonces le ofrecieron un pedazo de pescado asado (y una porción de miel); lo tomo y comió delante de ellos.” (Lucas 24, 36-43). 

 

Claramente Jesús les demuestra que Él, aun resucitado, no es un espíritu y que tiene carne y huesos y además puede comer. Para comprobarlo aún más, veamos cómo María Magdalena tocó su cuerpo resucitado y “Jesús le dijo: “Suéltame pues aún no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre que también es Padre de ustedes; a mi Dios que es Dios de ustedes.” (Juan 20, 17). 

 

Como vemos, el cuerpo era tangible y aun así, podía ir al Cielo adonde el Padre, lo cual implica ir a otra dimensión, a otro mundo. Más adelante Tomás, que no creía en su resurrección puso su dedo en las llagas: “Después dijo a Tomás: “Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree.” (Juan 20, 27). 

 

Con esto queda suficientemente demostrado que Jesús resucitado tenía su cuerpo ya transformado en un cuerpo glorioso e inmortal, tangible de carne y hueso, que podía ser tocado, que comía y bebía, y que podía ir hasta el Cielo y volver, de manera que el hombre del segundo relato, a quien Dios da su aliento adquiere esta misma manera de poder existir en el más allá, porque aunque Dios nos creó a su imagen y semejanza corporal, desde el principio, solo mediante su aliento nos da el espíritu que da vida eterna y al cuerpo mortal de la primera humanidad creada, en este relato, se hace inmortal gracias a su aliento.

 

Aunque la eternidad material no parece una opción aceptable, desde la razón, para la sostenibilidad de la vida en la Tierra, porque la tierra es un espacio finito en donde si nadie muriera el hacinamiento sería insoportable y los recursos se habrían acabado, lo cierto es que cuando los seres tengamos un modo de vida sobrenatural eso nos permitirá, por ejemplo, poblar a voluntad cualquier otro planeta del universo, haciendo viajes interestelares, apareciendo y desapareciendo aquí y allá, sin necesidad de tener que hacer adaptaciones para la vida biológica en ningún lugar del universo. También permitiría esa condición, que la tierra crezca según la necesidad de la población, desafiando las leyes de la física que no están determinadas, como lo muestran los descubrimientos de la física cuántica que cuestionan y replantean muchas teorías de la física clásica.

 

Además de esto, los más recientes descubrimientos de la física cuántica han demostrado que una partícula disparada por un cañón de neutrones puede llegar en menos tiempo a un punto de referencia, a través de una plancha de plomo de un metro de ancho o más, antes que otras partículas a través del espacio vacío y que una partícula puede estar al mismo tiempo en distintos lugares.  Esto explica por qué Jesús y algunos santos como el padre Pío de Pietrelcina, tenían el don de la bilocación[1], que la física cuántica puede observar experimentalmente en el laboratorio, sin poder explicarlo, dado que, siendo el cuerpo un conjunto de partículas, estas pueden comportarse como lo hace una sola de ellas, aunque no pueda entenderse cómo sucede, como tampoco pueda explicarse que las partículas actúen como ondas, entre otras anomalías inexplicables que se observan en los laboratorios.

 

En palabras del científico, filósofo, teólogo, astrofísico y colaborador de la NASA, padre Manuel Carreira Vérez, S.J., (q.e.p.d.), que trabajó ampliamente con su equipo de científicos, en el laboratorio, los fenómenos de la física cuántica, y de acuerdo con esos estudios, lo que ocurre en la resurrección es que, mientras en nuestro modo de existir actual, estamos limitados por la materia, en la resurrección los papeles se cambian y entonces

 

“el espíritu da a la materia su propio modo de existir sin limitaciones espacio temporales, y entonces la materia empieza a existir también, fuera del espacio y del tiempo, y como solo en el espacio y tiempo es donde actúan las fuerzas propias de la materia, esas fuerzas ya no van a tener importancia, ya no van a limitar lo que hace ese cuerpo humano, y así tenemos la realidad humana total, viviendo con la libertad propia del espíritu, y así cumpliendo lo que Jesucristo dijo de los que son hijos de la resurrección: serán como ángeles de Dios; ya no estarán sometidos a los límites propios de la materia. Pero, ¿siguen siendo materia? Sí, y el cuerpo no puede ser otra cosa que una colección de átomos, de modo que hablar de un cuerpo no material es como hablar de un círculo cuadrado.”[2]

 

Recapitulando, a la pareja del primer relato, Dios no le sopla su aliento, es decir, no le da su espíritu que les haría inmortales, aunque les hace semejantes a Él, quizá en que tienen alma, es decir entendimiento y voluntad, y quizá también en la apariencia física, como hemos visto.

 

En consecuencia, Dios creó primero a seres mortales e inteligentes con alma y con la función de procrear, y al hombre del segundo relato no solo lo hizo como al del primero, sino que lo formó, y le sopló el aliento de vida eterna, que es aquel que nos hace inmortales. Esto significa que es en la formación espiritual y en la unción sacramental, que nos hacemos inmortales, al recibir al Espíritu Santo. Por eso los bautizados tenemos vida eterna, pero no asegurado el cielo.

 

Y volviendo al tema de la resurrección, algunos teólogos, incluso católicos, consideran que el cuerpo humano siempre murió, que siempre morirá y no resucitará, porque no habría espacio en la tierra para los que la han habitado a lo largo de la historia, que pueden haber sido de más de cien mil millones de personas. Esto es una herejía, y más cuando ellos mismos afirman que resucitará el espíritu, lo cual es imposible porque el espíritu no muere y si no muere ¿cómo va a resucitar? Lo único que muere es el cuerpo y éste es el que resucitará a final de los tiempos para ser juzgado y recibir lo merecido. Este hecho explica lo que dice este verso del Credo: “Creo en la resurrección de la carne”.

 

No obstante, si se considera la trilogía cuerpo, alma y espíritu, el alma es responsable de lo que hace el cuerpo, porque el alma tiene entendimiento y voluntad y ella puede gobernar las pasiones. Por eso el alma se condena con el cuerpo y por eso Jesús dice: "No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquél que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno.” (Mateo 10:28)


Según esto, tanto el alma como el cuerpo perecen en el infierno, pero como el cuerpo resucitado es inmortal, la condenación es eterna y frente a eso, no hay nada qué hacer. Por eso Jesús no usa la palabra morir sino perecer, que no es lo mismo, que morir, porque perecer es una manera trágica o dolorosa de morir. En el infierno se perece y se vuelve a la vida, una y otra vez por toda la eternidad, lo cual concuerda, tanto con lo que dijo Jesús como con la revelación dada a Oliva Arias[3], que describe, cómo las personas son atormentadas y mueren una y otra vez de maneras terribles en el infierno, para volver a la vida y volver a ser torturadas y asesinadas por los demonios, una y otra vez.

 

8 El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado.

 

Aquí se aclara más el verso anterior: el “hombre que había formado”, hace referencia a aquel que escuchó a Dios, aquel que se dejó formar por Dios y si lo escuchó es porque lo buscó y le sigue como el buen discípulo a su maestro.

 

Notemos la distinción entre el hombre del primer relato: ese que no recibe el aliento de Dios y el que sí lo recibe. Entonces ese aliento simboliza la gracia, la religiosidad, la capacidad de ligarse con Dios, de unirse a Dios mediante el amor en la oración. 

 

Eso queda claro porque si crea al nuevo hombre para que cultive la tierra, ¿para qué planta Él mismo el jardín en vez de dejarle esa tarea al hombre? Parece contradictorio el relato, pero es que su función es precisamente explicar lo que dijimos antes, que para que la naturaleza existiera no era necesaria la mano del hombre, sino que su tarea sería crear la cultura, término que proviene de la misma raíz de cultivar, y más que la cultura, la cultura religiosa, cuya base es la fe, la esperanza y el amor a Dios.

 

El hombre “formado por Dios”, es diferente al creado por Dios. El que ha creado es similar al animal en la medida en que se guía por sus instintos y probablemente carece de la espiritualidad y racionalidad, que le es propia a este nuevo hombre. El lugar que le da al nuevo hombre es especial: un jardín, es decir un lugar lleno de belleza y exuberante en donde nada la faltará para su deleite y ese lugar es una prefiguración del Cielo, no de los avances tecnológicos ni de las comodidades y lujos de los que gozamos hoy, como piensan los materialistas herederos de las creencias de los saduceos.

 

9 Y el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol de la vida en medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

 

Los árboles representan, no solo la exuberante naturaleza con sus frutos, sino todo aquello que alimenta, no solo al cuerpo sino también al espíritu.

 

El árbol de la vida representa la Palabra de Dios y a Dios mismo en la figura de Jesús, y cuyo fruto le permitirá al hombre vivir eternamente, si se alimenta de él, y el árbol de la ciencia del bien y del mal es el conocimiento que le permitirá al hombre el juicio ético y moral. Y es figura también de Lucifer.

 

El primer árbol dará la vida eterna, pero este segundo árbol del conocimiento del bien y del mal encierra en sí mismo la condenación, pues quien no sabe del bien y del mal no puede ser condenado por sus actos ya que es amoral, a semejanza de los animales que aunque maten y sigan sus instintos, no pueden ser juzgados, porque no tienen el conocimiento del bien ni del mal y en consecuencia todos sus actos son inocentes, aun siendo crueles, pero en cuanto se haga el hombre a ese tipo de conocimiento quedará condenado a morir para que el mal que haga no quede impune.

 

Los árboles del paraíso representan también libros: la Biblia que contienen La Palabra de Dios es el árbol de la vida, que no parece tan atractivo a los hombres y el del conocimiento del bien y de mal contiene todas las disciplinas: la gnosis, la filosofía, el conocimiento científico y demás saberes del intelecto humano, representados en las ramas de dicho árbol, pero entre esos frutos está el veneno de las ideologías que llevan al hombre a negar la existencia de Dios y a querer ponerse en su lugar; ese será el pecado original.

 

Esta analogía es bien obvia porque la materia prima del libro es la pulpa del árbol, de la cual se fabrica el papel y al igual que los árboles, los libros tienen hojas y entre las hojas están los frutos que para el caso de los libros es lo que está escrito y que alimenta o bien el espíritu o bien el intelecto, o ambos a la vez. El tronco del árbol está figurado en el lomo que sostiene las hojas tanto del libro como del árbol, y las ramas representan los capítulos o temas que trata el libro. 

 

10 De Edén nace un río que riega el jardín, y desde allí se divide en cuatro brazos. 11 El primero se llama Pisón: es el que recorre toda la región de Javilá, donde hay oro.

 

Este río es el Indo o Pisón que significa caudaloso. Los ríos simbolizan corrientes o acciones humanas. Este río hace referencia a las operaciones humanas que se dirigen a la búsqueda del poder y la riqueza material, representada por el oro, pero también a la espiritual.

 

12 El oro de esa región es excelente, y en ella hay también bedelio y lapislázuli.

 

El lapislázuli al lado del oro es un símbolo de la realeza y el bedelio que es una gomorresina aromática es un ungüento medicinal tonificante, atenuante y fortificante que alivia tumores dolores y fracturas por lo que simboliza la medicina para el cuerpo. En conclusión, este brazo del río representa el poder asociado a la medicina.

 

 13 El segundo río se llama Guijón: es el que recorre toda la tierra de Cus.

 

Este hace referencia al Nilo que es el mismo Guijón que significa estruendoso. La Tierra de Egipto representa la fertilidad del suelo y sus riquezas naturales de fauna y flora.

                                                                                   
14 El tercero se llama Tigris: es el que pasa al este de Asur. El cuarto es el Éufrates. 

 

Al Tigris se le llama Jidekel o punzante y el Perat es el Éufrates.

La precisión con que el texto señala el lugar en donde está el Edén muestra la región en la que surgen las primeras civilizaciones hasta ahora identificadas. Es una zona extensa que estaría entre los ríos Ganges, Indo, Éufrates y Nilo. Es decir todo el Medio Oriente y parte de África: una ampliación de la Media Luna Fértil.

 

El autor quiere ser muy gráfico para que la gente entienda que habla de algo real y no de una fantasía. Pero el lugar preciso del paraíso terrenal podría ser una región de África, en donde estuvo la madre de la humanidad que según las investigaciones y el seguimiento al rastro del ADN mitocondrial, que dice haber hecho la ciencia moderna con sus recursos tecnológicos, corresponde a una sola mujer que vivió en África.

 

15 El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. 

 

En este verso se reafirma la misión del ser humano en el mundo: cultivar y cuidar el planeta, lo cual no significa que tengamos que adorar al planeta como a una diosa (la Pachamama), como pretenden los ecologistas e indigenistas extremos.

 

La palabra jardín hace referencia a un lugar ya cultivado, de manera que es a otro tipo de cultivo que hace referencia el relato, es al cultivo de la civilización y a la construcción de una sociedad justa.


16 Y le dio esta orden: “Puedes comer todo lo que quieras de los árboles del jardín, 17 pero no comerás del árbol de la Ciencia del bien y del mal. El día que comas de él, ten la seguridad de que morirás”.

 

Esta prohibición está asociada al conocimiento del bien y el mal, es decir al juicio moral. La capacidad para hacer éste tipo de juicios sobre lo creado y sobre las propias acciones, hará que el hombre se condene a sí mismo a morir, si no acata el precepto divino de no comer los frutos de ese árbol que son los juicios morales.

 

Según algunos teólogos, no es la muerte natural la que habrá de temerse sino la del alma, pues, según ellos, la muerte del cuerpo ya estaba prevista. Pero, de haber sido así, la resurrección de Jesús no tendría sentido, de manera que el ser humano sí era eterno en cuerpo, pues el espíritu nunca muere, como lo hemos dicho arriba, de manera que si decimos que Jesús resucitó como un espíritu negamos la resurrección y quien niegue la resurrección es un hereje aunque sea el mismísimo papa o un obispo. La muerte representa desde el principio el mal pues es la no existencia. Al insuflar en el hombre su aliento de vida, Dios le hace un ser que vivirá para siempre.

 

Los árboles son los conocimientos con todas sus ramas, y por tanto es lícito y no es peligroso comer de esos frutos, siempre que se recurra a la razón y no a las ideologías.

 

Pero el árbol de la Ciencia del Bien y del Mal también representa a Lucifer, y el fruto que ofrece es la gnosis que propone en la malicia de su lógica, el dualismo y la doctrina maniquea que se atreverá a juzgar y negar la bondad de Dios, a través de la dialéctica como método, para poner en una balanza cada cosa creada y su contrario, de manera que atribuirá la Creación del universo y la materia a un Demiurgo, y satanizará la creación como algo malo, contradiciendo lo que dice la Escritura: “Y vio Dios que todo era bueno”.

 

De ese método surgirá la relativización de la verdad que llevará al hombre al desconocimiento de la misma y a la oscuridad en la que solo hallará su perdición, pues pondrá como Dios al ángel rebelde y su doctrina y negará la Verdad que está en el fruto del Árbol de la Vida: Jesucristo, que nos alimenta como el árbol de la vid a sus ramas para que den fruto. “Yo Soy la vid y vosotros los sarmientos,” (Juan 15:5)

 

18 Después dijo el Señor Dios: “No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una auxiliar a su semejanza”. 

¿Para qué necesitaba el hombre ayuda? De hecho el necesitarla implica que no podría por sí mismo controlarlo todo. Esto nos enseña que el individualismo como doctrina y práctica es el peor camino para el Hombre, ya que todos necesitamos de alguien.


19 Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre. 

 

Los animales del campo son diferentes a las fieras y animales silvestres que ya había hecho. Estos son los que le servirán al hombre para las faenas agrícolas y para servirse de ellos de una u otra forma. Dios ya sabe lo que va a suceder y lo permite porque es necesario para moldear a aquella criatura que convertirá en uno más de sus hijos. Los pájaros del cielo quizá representen a los ángeles. Los vivientes no son simplemente los seres que se mueven por virtud de contar con el alma, sino que además tienen el espíritu que es lo que les da la vida sobrenatural.


20 El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.

Se nota que la ayuda que esperaba el hombre no era la de la fuerza animal para el trabajo del campo, ni la simple compañía; necesitaba a alguien semejante que compartiera con él la inteligencia y espiritualidad.


21 Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. 

El sueño de Adán es el del hombre que anhela el amor de una mujer. El vacío que quedará será llenado por la carne, es decir por la unión sexual entre el hombre y su mujer.


22 Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. 23 El hombre exclamó: “¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre”.

Al hacer a la mujer de la costilla del hombre, enseña el Señor que ella podrá llenar ese vacío del corazón, que no era llenado en el hombre por la simple compañía de los animales. El vacío del corazón del hombre lo llena el amor de la mujer y viceversa.

 

24 Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne.

Este bello pasaje lo complementa Jesús cuando añade: “De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe. (Marcos 10, 8 – 9) 

 

Estos dos versículos muestran la fundación del sacramento del matrimonio y su carácter sagrado e indisoluble que Jesús explica cuando los fariseos le preguntan acerca del divorcio como una ley establecida por Moisés. En realidad la Ley de Moisés era provisional porque estaba formándose al Pueblo de Dios, caracterizado por su dureza de corazón, y por eso permite el divorcio, pero Jesús que es quien da a la ley su forma definitiva no acepta el divorcio, y por eso toda iglesia que niegue esto, NO es cristiana, dado que esto lo dijo directamente Jesús en una escena real y, por lo tanto, no admite interpretación.

 

No obstante, cuando Jesús es interrogado por los fariseos sobre el divorcio él dice: “Yo les digo: el que se divorcia de su mujer, fuera del caso de unión ilegítima, y se casa con otra, comete adulterio.” (Mateo 19, 9). 

 

Esto puede interpretarse de dos maneras: la primera es que si hay adulterio puede haber divorcio, pero la segunda es que si un hombre está viviendo en unión libre, casado por lo civil o sea en unión ilegítima a los ojos de Dios, bien puede separarse y casarse, y no comete adulterio porque la primera unión no vale para Dios por no ser bendecida por Él, sino por una unión civil o de hecho.

 

En consecuencia, toda persona casada solo por lo civil, o amancebada, como no recibió la bendición del sacerdote, está fuera de la Ley de Dios y en pecado, y NO se salvará, si no corrige eso y se casa por la Iglesia.   

 

La Iglesia Católica Apostólica Romana no acepta el divorcio pero sí admite la separación de cuerpos, que, de ninguna manera es una simple decisión  de la pareja o de uno de los cónyuges, sino que responde a razones de fuerza mayor y por eso tiene sus limitaciones: los separados no pueden volver a casarse por la Iglesia porque lo que Dios ha unido, no lo separa el hombre, y por lo tanto el matrimonio civil no es válido para Dios que creó a la pareja humana y al matrimonio.

 

Esta diferencia fundamental entre la Iglesia católica apostólica y romana y las demás, en donde se admite el divorcio, es una de las evidencias claras de cuál es la verdadera iglesia de Dios. El divorcio es una costumbre pagana que Jesús suprimió.

 

No obstante, la Iglesia, a lo largo de la Historia ha anulado matrimonios, después de estudiar los casos de nulidad que son muy válidos: demencia, homosexualismo de uno de los cónyuges o un matrimonio hecho bajo presión, amenaza o en estado de inconsciencia por la edad, inmadurez, y deficiencias cognitivas, entre otras.


25 Los dos, el hombre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza.

 

Esta figura de la pareja humana, unida no solo por la misma naturaleza sino por ser uno parte del otro, es una bella manera de simbolizar el amor conyugal. Dios funda el vínculo sacramental del matrimonio y lo hace indisoluble porque ambos serán uno solo y por eso no se avergonzarán de conocerse íntimamente, no solo en lo físico sino en todas las dimensiones de su humanidad con virtudes y defectos. 



[1] Capacidad de estar en dos lugares al mismo tiempo y de transportarse a través del espacio sin usa medios físicos.

[3] Vidente colombiana que afirmó que Jesús la llevó al purgatorio y al infierno y le mostró lo que ocurría allí. Esta campesina del municipio de Garagoa, fue certificada por el padre Carlos Cancelado que la acompañó hasta su muerte como guía espiritual.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Análisis del Primer Capítulo del Génesis

INTRODUCCIÓN
No es la pretensión de este blog, discutir acerca de la existencia de Dios, ya que consideramos que sobre el tema ha sido tan amplio el debate a lo largo de la historia humana, que hoy no cabe duda acerca de esta; sea discutida por la ciencia, por la filosofía o por la fe, todo razonamiento ético apunta a evidenciar la acción de un ser muy superior, actuando sobre la materia. Sin embargo, durante la interpretación del Génesis, vamos a encontrarnos inevitablemente con que la teoría evolucionista que pretendía desmentir la creación, así como la teoría cosmológica y las ciencias naturales, arrojan luces acerca de la certeza de que el universo no surgió espontáneamente¸ sino que es el producto de una muy bien concebida idea llevada a cabo mediante una tecnología de concepto y magnitud inalcanzable y casi completamente incomprensible para el ser humano, y que los sistemas, algunas veces caóticos, no lo son, en realidad, sino que corresponden a un misterioso poder y a una inteligencia fuera de todo límite: lo que conocemos como una inteligencia creativa y a la vez alternativa o en términos educativos que se rige por disonancia cognoscitiva, y no por lógica elemental, lo cual da fe de una autonomía y capacidad de resolución de problemas fuera de los límites de la razón humana. Para comentar correctamente un texto se comienza por aclarar su procedencia, de manera que nos detendremos en el primer capítulo en este hecho importante, considerando, no solamente los autores, sino el contexto en que fueron elaborados y el propósito con el que fueron escritos, entendiendo que fueron inspirados, pero que la inspiración no necesariamente riñe con la realidad, y que esa inspiración estuvo marcada por la tradición oral que pasó de un siglo a otro y de una cultura a otra.  Génesis Contexto Histórico cultural. Para comprender los textos del Génesis es necesario entender que fueron producto de la inspiración divina, pero que por las circunstancias de tiempo, lugar, cultura y lenguaje en que fueron escritos, luego de una larga tradición oral que va desde Adán, hasta Moisés, debió pasar por bruscos cambios socio-culturales, en donde los patriarcas vivieron diferentes circunstancias que les obligaron en muchos casos a asimilar lenguas y costumbres de otras naciones, teniendo que adoptar fonemas y grafías que, en ocasiones, no se compadecen con lo que en realidad quisieron expresar. Sin embargo la inspiración divina está presente en los textos y es necesario por eso comprender que debemos buscarles el menos tres interpretaciones: la espiritual que atañe a lo puramente religioso, la material que atañe a lo propio de la racionalidad humana y la ética que está más íntimamente ligada a la cultura de los pueblos que ejercieron alguna influencia en los escritos. La Biblia no fue escrita solamente para el pueblo de Israel, como ellos suponían; fue escrita para todas y cada una de las personas de todas las naciones que tienen la oportunidad de leerla en cualquier tiempo y lugar. Cada situación debe ser vista e interpretada para cada realidad individual en el contexto de su interacción con la historia colectiva, que también es necesario tener en cuenta porque no somos solos ni estamos solos, y provenimos además de una larga tradición de costumbres distintas y el libro es la enseñanza de Dios en cada una de sus palabras, para todos que lleguemos a reconocer que somos de Dios pues en Él vivimos, nos movemos y existimos.

 LA CREACIÓN DEL MUNDO Y LA CAÍDA DEL HOMBRE 1. 1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra. Este versículo dice en una sola frase que Dios lo ha creado todo, con toda su perfección y funcionalidad. En realidad, el texto señala que ha creado dos mundos: uno espiritual: el cielo y uno material: la tierra. La explicación materialista del verso sería la indicación de un principio, en donde hay un ser anterior al mismo principio, lo cual nos da la primera característica que identifica a Dios, es decir su eternidad: Alguien sin principio y sin fin. Esto de inmediato le convierte en un ser excepcional, al cual no se le puede conocer con ninguno de los recursos de la ciencia, ni se le puede poner calificativo alguno dentro de las categorías que los humanos construimos. No puede experimentarse a Dios por los sentidos ni con los recursos científicos, sino solo por la fe y en el corazón, entendido como el sentimiento íntimo del ser humano inexplicable que es la emoción. Tampoco puede someterse lo eterno al juicio moral, porque su naturaleza es distinta a la material. Por eso el hombre nunca llegará a comprenderle, mientras no trascienda a un plano semejante a aquel en donde Él se encuentra: la eternidad. La segunda característica que identifica a Dios es su poder creador. Es tan simple y a la vez tan complejo entender lo que encierra esa capacidad porque su creación son dos mundos de naturalezas diferentes: el cielo que es el mundo de lo espiritual y la tierra que es el universo material. Dos especies que quizá Él ha decidido fundir en una sola para terminar su trabajo. Trabajo que lo hace por iniciativa propia porque nadie hay anterior o posterior a Él que se lo indique o sugiera. Dios es libre y es tan libre que moldeará su creación a su antojo y eso es lo que muchos no entienden, en la medida en que hay acciones que no se comprenden. La omnisciencia de Dios es desconcertante pero aun así intentaremos darle una explicación, desde el punto de vista humano y racional, que quizá no sea realmente válida. La sabiduría de Dios quedará manifiesta en esa creación, ya que hasta los más sencillos organismos unicelulares, los ecosistemas y el universo entero se presentarán como un inmenso computador cuántico en donde la simbiosis y funcionalidad de cada partícula es esencial para la preservación de la creación. El diseño de cada ser es tan precioso, minucioso y eficaz, que no habrá duda alguna acerca de la inmensa sabiduría y poder del Creador. Dios queda manifestado en la perfección de las cosas creadas, de manera que es necesario tener más fe para creer en la evolución al azar que en la misma bajo el control de una mente y un poder rector. 2 La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios aleteaba sobre las aguas. Desde el punto de vista espiritual, la informidad de la tierra, no indica que el universo material no estuviera terminado como sistema funcional; indica que al mundo material en donde ya había un sistema, le faltaba darle un sentido, por eso el uso de la palabra “vacío” que significa sin sentido. De ahí que cuando alguien no le haya sentido a su vida se dice que está o que se siente vacío. Para darle ese sentido a su creación, Dios debe iluminarla con la vida. Las tinieblas simbolizan la inexistencia, y el abismo no es el espacio ya que este hace parte de lo que se llama tierra. El abismo es el mismo vacío del sinsentido. El soplo de Dios es la vida espiritual que ronda sobre la vida material representada por las aguas, y el aleteo no figura la necesidad de hacerlo para sostenerse desafiando la gravedad, sino que es la preparación para generar esa vida espiritual que será distinta a la material: no tendrá fin. Se sugiere también la inexistencia del tiempo y del espacio. El vacío es una manera en el lenguaje primitivo de indicar esa inexistencia del espacio-tiempo y las tinieblas son el símbolo del caos. En algunos textos identifican el soplo de Dios con el espíritu, pues es lo que da la vida. Las aguas no preexisten, sino que son un símbolo de la vida que Dios ha puesto en ambos reinos, en el celestial y en el terrenal. Las aguas son símbolo de la vida espiritual y la necesidad de que esta exista le dará sentido al resto de la creación. 3 Entonces Dios dijo: “Que exista la luz”. Y la luz existió. 4 Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; 5 y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día. Desde el punto de vista espiritual, la luz es la sabiduría que nos permite apartarnos de la ignorancia que son las tinieblas. Mas no es la sabiduría científica que entiende el mundo material sino una sabiduría que va más allá y sabe comprender el plan de Dios. La luz es también el símbolo del bien y las tinieblas, del mal. Dios ha creado el bien porque el mal era lo preexistente, es decir la no existencia. Darle nombre de día a la luz y de noche a la oscuridad fue una forma como el autor del texto quiso explicar esto. Pero no entendamos el día del que se habla aquí como un día de la tierra puesto que se está hablando de un día de Dios que son quizá mil años nuestros, o un millón, o un billón. Eso no es esencial en el relato porque no estamos estudiando un texto ni un informe científico sino un relato ilustrativo que solo tiene fines pedagógicos. Sin embargo hoy, cuando la teoría del origen del universo en un Big Bang o gran explosión ha dejado de ser una hipótesis para convertirse en una verdad científica, el origen del universo y del hombre por evolución al azar de materia preexistente queda muy mal parado, si no se reconoce lo que evidencian los hallazgos científicos acerca de un poder manipulador e inteligente, capaz de organizarlo todo como en un programa de computador. 6 Dios dijo: “Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas”. Y así sucedió. 7 Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; 8 y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día. Las aguas simbolizan la vida en todas sus formas pues de ella procede según la programación divina. El firmamento es un símbolo de la separación entre la vida material que son las aguas que están debajo del firmamento y las que están encima de él son la vida celestial o espiritual. Así se representa la separación entre los dos mundos que Dios ha creado: el espiritual (Cielo) y el material (tierra), porque Dios los supera a ambos. La tarde y la mañana no son sino la expresión del cumplimiento de un ciclo que el autor denominó “segundo día” , haciendo referencia a un paso en la secuencia lógica del programa que desarrollará todo el plan divino. 9 Dios dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme”. Y así sucedió. 10 Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. En este verso las aguas siguen representando la vida material y el suelo firme la materia inerte que tiene como función sustentarla. No se habla de separación sino de aparición física de la naturaleza, de constitución diferente a la de la vida que es de naturaleza espiritual. No obstante, la vida representada por el agua no es solamente la espiritual, sino también la material. El agua es vida porque sin ella ningún organismo vive. El suelo firme será el sustento de la vida, pues contiene los minerales que al ser disueltos por el agua y convertirse en el alimento de las plantas, llegan a sostener la vida del reino vegetal y del reino animal, incluido el ser humano. La bondad de la naturaleza que Dios acaba de crear está en que la materia inerte será sustento de la vida, y ambas serán eternas porque la que alimenta a la otra nunca se acaba sino que se transforma durante el proceso vital y vuelve a su estado primitivo después de cada ciclo. 11 Entonces dijo: “Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro”. Y así sucedió. Este verso refuerza lo anterior. De la materia inerte que es la tierra brotan los seres vivos que son las plantas, que crecen solo mediante los procesos osmóticos y están dotadas de una vez de semillas para la propagación. Es un plan, un programa establecido, no algo fortuito. 12 La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. 13 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día. El inconmensurable poder de Dios que ordena a la materia organizarse para determinar los límites del mar y de la tierra, y para formar el reino vegetal en un instante es discutido por la teoría de la evolución que señala que fue un largo proceso evolutivo de millones de años. Aquí el autor quiere mostrar cómo Dios crea cada ser con la posibilidad de propagarse, de crecer y llenar la tierra, cuestión que la teoría evolucionista no explica satisfactoriamente. No es la evolución o que permite a los seres reproducirse, sino que son seres creados perfectamente funcionales para reproducirse. Lo que en evolución se conoce como generación espontánea no es sino el despliegue de un programa que se desarrolla y finaliza con un producto completo. Es un hecho que las mutaciones no permiten a los seres vivos reproducirse correctamente sino que son causa más bien de muerte. Si las branquias mutaran para transformarse en pulmones, esta falla mataría al animal, recién nacido, por mal funcionamiento de este órgano vital y así sucedería con cualquier otro órgano, lo cual nos muestra que no sería posible propagar esa mutación crítica con éxito, aunque se aducen cambios moleculares tan diminutos que los seres podrían sostenerse con vida y propagarla así. Lo cierto es que en la naturaleza no se ha encontrado hasta ahora evidencia alguna de una especie que esté en transición o mutando para convertirse en una nueva. Esto es fantasía, pues si un virus que es el organismo más simple necesita de uno más evolucionado para vivir, porque es un parásito, ¿cómo sobrevivió a la radiación solar si no existía antes el otro que le sustenta? 14 Dios dijo: “Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, 15 y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra”. Y así sucedió. De la presencia de los astros se puede inferir que serán necesarios para marcar el tiempo, lo cual es fundamental para la siembra y la cosecha, en torno a las cuales los pueblos primitivos celebraban sus fiestas, y porque, además, de su influencia dependen los procesos de las plantas: ósmosis, fotosíntesis, generación de oxígeno y de gas carbónico. Todo está perfectamente preparado para el siguiente paso. En sentido espiritual, los astros representan a los santos que con su ejemplo de vida iluminarán a los demás para seguir el camino del Señor, pero también señalan la importancia de conocer el funcionamiento de nuestro sistema solar para conocer las épocas de lluvia y sequía, y las estaciones de siembra y cosecha. La inmensidad del universo nos muestra que quizá Dios ha creado más criaturas en otros lugares, lo cual, lejos de rebatir la fe en el Dios Creador la reforzaría porque si por el azar es tan difícil probar la existencia de vida en la Tierra, será mucho más difícil probarlo si hay vida en otras galaxias porque dos coincidencias en el universo son más difíciles de ocurrir que una sola. 16 Dios hizo los dos grandes astros, el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche y también hizo las estrellas. 17Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, 18 para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. 19 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día. Estos versículos completan los anteriores, y aunque no especifican la importancia para la vida de las plantas, esta puede ser inferida. En sentido espiritual, el astro mayor es Jesucristo, el cual lo ilumina todo con su presencia, y por eso se dice que preside el día, ahuyenta las tinieblas y hace firme nuestra fe. Quienes se acogen a Él, no andan en tinieblas. Para la noche que representa a los que viven en pecado y tienen poca fe en Jesucristo, hizo la Luna que representa a la Virgen María a quien nos acogemos para solicitar protección e intercesión a través de la oración cuando por falta de fe, creemos que no merecemos ser escuchados y atendidos por el mismo Jesucristo. Esta es la actitud típica del que no tiene fe porque no se siente merecedor del favor de Dios y se ve en la necesidad de pedir la intercesión de alguien más; en este caso de la Virgen María, que por ser criatura humana, como nosotros, nos parece más cercana. En Apocalipsis (12,1) se habla de ella como la mujer vestida de Sol, es decir revestida por Jesucristo y con la Luna bajo sus pies. Ella, la Virgen, al igual que la Luna, no brilla con luz propia sino con la que emana del astro rey que representa a su Hijo Jesucristo el Hijo de Dios. La Luna representa la feminidad, la naturaleza, la madre tierra como dicen las comunidades indígenas e indica con sus ciclos las cosechas y controla las mareas. Por eso ha sido coronada reina del Universo. 20 Dios dijo: “Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo”. 21 Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Este versículo señala claramente la creación de la vida natural en sus diversos ambientes y ecosistemas. No es el proceso de millones de años del que habla la teoría de la evolución pues todos los seres vivos dependen de otros seres vivos, algunos más complejos que otros, pero todos entre sí simbióticos. No podrían vivir los virus, que son parásitos unicelulares, sin un organismo superior del cual alimentarse y depender, como ya dijimos. Ni la rémora sin el tiburón, ni el pez payaso y la anémona sin los bancos de coral. Además, sin las aves y animales ornitócoros, sin las abejas, y otros insectos, habría sido imposible la propagación de las plantas por el planeta, por simple propagación eólica, pues estos animales son fundamentales para la diseminación de semillas medianas y grandes y para la polinización; de manera que no pasaron millones de años sin insectos, como dice la evolución, sino que Dios los hizo prácticamente enseguida. Tampoco habrían sobrevivido millones de años las plantas a merced de los insectos si no hubiera aves insectívoras que los controlaran porque se las habrían tragado, de manera que Dios hizo las aves y otros animales alados como los murciélagos, con este propósito, que además de contribuir con la propagación de las semillas, a través de sus heces, controlan la población de insectos, y para que no se acabaran los insectos los hizo muy prolíficos. Las cadenas alimenticias no son cuestión del azar sino de programación, de manera que quien cree en la evolución posee una fe más admirable que la de nosotros los cristianos. 22 Entonces los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra”. 23 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día. Para dar continuidad a la vida que ha creado, Dios ordena la procreación, por lo cual se descarta que en sí misma sea causa de pecado. Lo que la pervierte es lo contrario, que no sea para la vida sino para la muerte, es decir para el simple placer egoísta de “sentirme bien”, pues eso despoja a la sexualidad de su propósito que es manifestar el amor para convertirse en una simple sensación de placer hedonista. 24 Dios dijo: “Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie”. Y así sucedió. 25 Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno. Dios echa a andar ese inmenso computador cuántico y programa todo para que de la tierra brote la vida y se propaguen millones de especies interdependientes que hacen que todo sea viable. 26 Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”. Cuando dice hagamos, se hace la primera alusión a la existencia de alguien que acompaña a Dios en su tarea. Es Jesús el Hijo, la luz del mundo para quien todo fue creado por el amor del Padre. Y el proyecto divino va más allá. Crear al ser humano para darle el reino del universo entero. Que toda la creación le obedezca. Ese es el plan de Dios, hacer al hombre, no como criatura sino como soberano, como dios del universo. Por eso dirán las Escrituras más adelante: sois dioses, mas no como Dios, porque NADIE ES COMO DIOS. 27 Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Aquí Dios crea al ser humano con los dos únicos sexos existentes. El género que es tergiversación de la creación es invención perversa del hombre y es pecado porque va contra la naturaleza que Dios ha hecho y esa será la más terrible de las ofensas contra la potestad de Dios, pues el sexo tiene como fin la procreación a través del amor conyugal entre hombre y mujer únicamente. Con respecto a esto dice San Pablo: “Cambiaron la verdad de Dios por la mentira. Adoraron y sirvieron a seres creados en lugar del Creador, que es bendecido por todos los siglos, ¡Amén! 26 Por eso Dios dejó que fueran presa de pasiones vergonzosas; ahora sus mujeres cambian las relaciones sexuales normales por relaciones contra la naturaleza 27. Los hombres, asimismo, dejan la relación natural con la mujer y se apasionan los unos por los otros; practican torpezas varones con varones, y así reciben en su propia persona el castigo merecido por su aberración.” (Romanos 1, 25-27) Jesucristo redimirá a la humanidad de todos sus pecados, y por eso la Iglesia no rechaza a las personas que se rebelan contra la voluntad de Dios, adoptando el homosexualismo sino que rechaza es esta manera de proceder, porque la perversión sexual conduce a que la gente se aleje de Dios y sea mala, pues cambian al Dios verdadero por el dios placer y por eso dice San pablo: “Ya que juzgaron inútil conocer a Dios, Dios a su vez los abandonó a los errores de su propio juicio, de tal modo que hacen todo lo que es absolutamente malo. En ellos no se ve más que injusticia, perversidad, codicia y maldad. Rebosan de envidia, crímenes, peleas, engaños, mala fe, chismes, y calumnias. Desafían a Dios, son altaneros, orgullosos, farsantes, hábiles para lo malo y no obedecen a sus padres. Son insensatos, desleales, sin amor, despiadados. Conocen las sentencias de Dios y saben que son dignos de muerte quienes obran de esa forma. Pero no solamente lo hacen, sino que aprueban a los que actúan de igual modo. (Romanos 1, 28-32). Si rememoramos a algunas personas de esta condición, con seguridad encontraremos en ellas algunos de estos rasgos o todos aunque no en igual forma e intensidad, pues existen factores diferenciales. En cuanto al texto del Génesis, no dice que sean dos personas nada más. Son representación del género humano que debe someter la tierra y hacerla próspera para su propio beneficio. No se sabe si Dios hizo a dos personas a a muchas pero esto no es importante pues cada hombre es un Adán y cada mujer una Eva. 28 Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”. Este es el momento en que Dios da la soberanía del mundo al hombre y a la mujer. 29 Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. 30 Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”. Y así sucedió. 31 Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día. Para la ciencia no parece posible que un felino se alimente de pasto, pero probablemente así fue al principio.